Banega, el Prometeo de La Liga

Iba camino de la coronación el Barça de Luis Enrique. Su versión más guardiolesca brindó 35 minutos de auténtico lujo en el templo de Nervión y ya se podían visualizar los titulares: “el mejor Barcelona“, “la versión más genial”, “vuelve a acaparar la posesión”, “su presión alta es infalible”… un Barça endiosado, en su versión más estilista comandada por un Messi sutil como su gol de ayer.

En la capital, a buen seguro hubieran dado por perdida esta Liga, ya no por los cuatro puntos, sino por la rotundidad con la que el Barça hubiera profanado Nervión, el feudo más hostil del campeonato. Si el uruguayo Luis Suárez hubiera estado más encendido a esas alturas hubiera sellado el duelo y todo esto se hubiera hecho realidad.

Pero todo Dios tiene asociado su Prometeo, el primer mortal que se rebeló ante el poder divino. Y el del equipo blaugrana fue Banega, que sacó al Sevilla del estado de anestesia en el que se sumergía cada vez más profundo, en una especie de sueño dulce, hipnotizado por alguna suerte de melodía divina afinada por Messi y Neymar, que dejó mudo el Sánchez Pizjuán.

PROVIDENCIAL. El gol de Banega fue el momento clave del partido. Carriço lo celebra con el argentino.

PROVIDENCIAL. El gol de Banega fue el momento clave del partido. Carriço lo celebra con el argentino.

El disparo lejano del argentino acababa de un plumazo con todo ese misticismo, con todo ese halo poético que empezaba a destilar la maquinaria azulgrana camino de la coronación. El gol de Banega hizo mortal al equipo de Luis Enrique y el furor del estadio se encargó de que no se les olvidara.

En el Olimpo, el técnico asturiano buscó soluciones y sacó a un veterano que fue faro en aquel equipo de ensueño, mucho cerebro para seguir ganando la batalla en el centro del campo ante el empuje de Krychowiak. El polaco en una jugada aislada volvió a certificar que los blaugrana eran de carne y hueso, bajando de la nube a Messi y ganándole en su terreno. Un detalle que avivó las gradas del Pizjuán, que empezaban a soñar.

En La Tierra, Emery tocó las teclas adecuadas para culminar el destronamiento antes incluso de haberse producido. El empuje, la intensidad y la fe sevillista dejó a los catalanes a las puertas del paraíso después de 35 minutos que pudieron ser el germen de una nueva especie blaugrana, que pudo haber tenido un nacimiento tan prometedor como sonado, en el único templo que aún permanece sagrado en La Liga. Esperemos que Banega no sea castigado por Zeus, como Prometeo.

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